Cómo trabajamos

¿Por qué acudir al psicólogo?

 

A pesar de que existen casi tantos motivos de consulta como personas que acuden a terapia, hay motivaciones que se repiten a la hora de acudir a la consulta de un profesional, son las siguientes:

– Acudo a un especialista porque me pasa algo pero no sé que es. Quiero saber definirlo.

– Voy a la consulta por un problema concreto que quiero resolver lo antes posible, en un corto plazo.

– Acudo al psicólogo porque me obliga mi pareja, mis padres, mi jefe o el sistema de justicia.

– Quiero comenzar un tratamiento y cambiar a fondo.

Acudir a un psicólogo no tiene nada que ver con estar loco o con ser inferior o débil. Simplemente se trata de una persona formada y capaz de ayudarle y orientarle en cuanto a la solución de un determinado problema. El/la psicólogo/a plantea diferentes alternativas o fórmulas, en ningún momento juzga, manipula o coarta la libertad del otro.

¿Cómo funciona y en qué consiste la Terapia?

La duración de un tratamiento psicológico depende de diversos factores, entre ellos el tiempo que lleve el problema instalado, la gravedad del mismo y la reacción e implicación de la persona en el tratamiento.

Es recomendable, al comienzo del tratamiento, que la persona asista a consulta con una frecuencia semanal o quincenal, y posteriormente y de acuerdo con su mejora, espaciar las consultas en el tiempo hasta el alta definitiva. Posteriormente, será posible establecer según el problema, revisiones cada seis meses para solucionar dudas puntuales e inconvenientes que hayan podido aparecer desde el fin del tratamiento.

 

En Psicomap trabajamos desde una orientación Cognitivo-Conductual que parte del supuesto de que nuestro malestar es, en gran parte, producto de nuestra historia de aprendizaje. Por tanto, si a lo largo de nuestra vida hemos aprendido actitudes, creencias o estrategias inadecuadas o negativas, las podemos “desaprender” y aprender otras nuevas que sean más adaptativas y saludables y nos ayuden a tener un mayor bienestar.

Partimos del supuesto de que no son las cosas que nos pasan las que nos hacen sentir mal, sino la interpretación que hacemos de las cosas que nos pasan. Son nuestros pensamientos los causantes de nuestras emociones, y no a la inversa. Un componente importante de la terapia será aprender a identificar los pensamientos que nos generan sufrimiento, identificar qué es irracional, falso o incorrecto de estos pensamientos y sustituirlos por pensamientos que sean más adecuados y ajustados a la realidad, lo que conducirá a una mejora de las emociones y en consecuencia, también a un comportamiento más adaptado y más positivo.

Por lo tanto, uno de los aspectos que se aprenden durante la terapia es, como ya se ha mencionado, todo lo que tiene que ver con la modificación de pensamientos. Pero también, y en función de cada caso, se pueden aprender técnicas de relajación, habilidades sociales, recursos para tomar decisiones, resolución de problemas, etc. Las técnicas y recursos a emplear seran personalizadas a las necesidades y objetivos del cliente.

El objetivo último es un mejor autoconocimiento y la adquisición de nuevos recursos y estrategias, que permitirán afrontar mejor las dificultades de la vida cotidiana y aumentar la satisfacción personal y la calidad de vida.
A lo largo de la terapia es fundamental la colaboración y la participación activa de la persona. Iniciar un proceso de cambio personal no es fácil, pero es posible y se pueden conseguir resultados muy satisfactorios. Pero para eso es importante que la persona que hace terapia se implique en el proceso y esté dispuesta a trabajar y a colaborar.